sábado, 9 de enero de 2010

Las Jotas de mi vida



De la película los chicos de mi vida, en la que veo a Drew Barrymore más gordita, menos madura y totalmente dependiente de su hijo, se me ocurrió escribir esta entrada a comparación de mi historia, aunque no sea gordita, muy madura y poco independiente, puedo atreverme a decir que las jotas fueron –en su momento- todo un suceso, fueron cada vocal, una vivencia y dependencia, vale decir que en algunos casos la h sonó como j.
Comenzaré por hablar de Ja, lo conocí a mediados de mi no burbujeante adolescencia, era raro tenía una forma de comer muy peculiar, era capaz de atorarse con un solo bocado, a pesar de su rareza me cae bien, era llorón cuando algo no le salía como esperaba se frustraba y aunque en algún momento intenté consolarlo, lo único que rescaté es que estaba cerca de él y sentir su olor tan neutro como su personalidad, tal vez eso era lo atractivo de él, ni en chino que anduviera con el extraño y no pelo largo, el tiempo pasó y él fue mejorando, las hormonas segregaron en él tanta masculinidad que ahora cuando lo veo siento que la testosterona se le ha subido a la cabeza, sabe que es guapo y si le digo feo se molesta, tiene novia y aunque le diga que termine con ella porque es costumbre, lo que le digo el llega altamente –valoro que este muy enamorado, a veces siento envidia sana de él- y también rescato que a pesar del tiempo seguimos siendo muy buenos amigos aunque sea por msgr, y la verdad lo estimo mucho a la distancia ¿cuándo lo volveré a ver? Ni yo misma sé, espero que si lo encuentro físicamente esté sólo; me agrada la idea de que sea muy tierno –con su novia, obvio-

Je, fue mi adorable tormento, fue todo y nada a la vez, la sensación de saltar al vacío, lo que se puede sentir en el final de la adolescencia y comienzos de pre adultez , el mejor protagonista de mi guión histórico, lo conocí en la época de parroquianos cuando me invitaron de casualidad y así lo conocí, congeniamos muy bien –yo ya estaba salivando cual perro de Pavlov- él siempre tan despistado, tal vez eso era su atractivo; era mi prototipo ideal, era el mismo Je, con su sonrisa inolvidable, tenía la manía de remojarse el cabello sea cual fuere la hora, creo que le encantaba ir a mi casa porque tenía un caño en el cual él inclinaba sus manías, haciendo que sea tan dependiente de él; íbamos a cualquier parte, nuestra disposición era única como un código y no necesariamente un código morse, todas babosadas que dijimos, me encantaba pasar la tarde contigo, cuando jugábamos jockey electrónico, cuando salía por mi balcón y te decía en señas ya voy un toque. Acepto que cometí muchos errores, tal vez tenerlo cerca me ponía muy nerviosa, a veces le decía cosas que el no entendía –cosas de gente de letras- Pero tu no te quedaste de lado, el solo hecho que seas despistado implicaba tu poca formalidad, nunca supe porque te alejaste de mi; hasta ahora no me trago la excusa que me diste el día que me dijiste chau olímpicamente, despareciste de a pocos, y de la frecuencia en que te veía todos los días nos veíamos una vez a la semana luego una vez al mes finalmente nunca más, supe que no te gustaba, pero fuiste mi segundo amor en silencio, admito que me enamoré de ti ,mi mejor –en ese entonces- amigo, te fuiste y contigo se fueron mis sueños, mis ilusiones; fueron dos largos años de depresión, la vida me sabía gris –sin ti- no ingresé, creo que mis padres se dieron cuenta de mi melancolía, y compensaron mi soledad regalándome un can, y por aproximaciones sucesivas te fui guardando en el baúl de los recuerdos, comencé a trabajar junté dinero comencé a estudiar en otra universidad. Tú ya eras un caso perdido.

La tercera jota de mi vida fue Ji, lo conocí hace poco, furtivamente no diré donde ya que no viene al caso, salía de un concierto, él estaba algo ebrio, hicimos click por unos treinta minutos, pero lo peor de todo es que no dejó de ser meloso y eso fue lo que colmó mi paciencia, soy amable pero a veces la gente confunde la amabilidad, me insistió tanto que lo mandé a rodar, quería que vaya a un lugar donde dizque celebraríamos la llegada de Depeche Mode, no venía al caso regresábamos de otro concierto, que bueno que fue breve conocerlo; lo despedí ni bien bajé, para variar mi amiga estaba en otra, ella solo quería saciar su apetito y aunque ya era tarde al culminar la merienda nos comenzábamos a matar de risa por lo acontecido, atolondradas por lo que me ocurrió, a pesar de que me insistió en revisar su Facebook, no pienso saber de él en absoluto –por lanza-

Jo, fue de todas las jotas el más persistente, lamento haberle roto el corazón no quise hacerlo, pero no me dio de otra lo que no nace no crece , yo tenía bien claro que lo apreciaba como un amigo lastimosamente él no lo pensó así y aunque me insistió tres veces, las tres veces lo hizo de manera inoportuna; lo que me gustaba es que no se daba por vencido, era muy empeñoso, lo utilicé para aprobar unas materias pendientes, detestaba su forma de ser tan rígida, desde que se levantaba ya sabía lo que no iba hacer, me parecía absurdo que para llegar a mi cambié sus gustos cuando debió de ser original desde el principio, me fastidiaba que mencione a Dios a cada momento, me bastaba escucharlo en los dominicales para que me lo rematara cada que me lo encontraba ( no soy atea, pero a veces mucho fanatismo es un óbice para ver las cosas desde otro punto de vista). Después de su última declaratoria dejé de verlo casi un mes, yo aprobé la materia pendiente, salía con unos amigos, supongo que me odió mucho por haberlo rechazado, cuando de pronto una tarde se apareció, no sé como lo visualicé de lejos, yo salía de mi casa muy contenta con mi amigo J, cuando el colorado se acerca y me dice enfáticamente: devuélveme los libros que te presté! Mi amigo J se quedó helado, yo atiné a saludarlo antes de responderle, respiré y le dije: que yo recuerde tú me obsequiaste, pero descuida te lo devolveré mañana, hoy tengo una reunión, ya salí de mi casa así que ya no pienso regresar ok, mañana a las seis te devuelvo tu colección. Para mala suerte subimos al mismo carro pues estaba en ruta, traté de hablar como la amiga que siempre fui pero sentía que la estaba cagando, y J que se reía en vez de ayudarme entorpecía mis fallidos intentos, él llegó a sus destino, bajó y J me dijo: él está herido eres muy mala chiquita le rompiste el corazón. Que bobo, no debimos culminar nuestra amistad de esa manera, al día siguiente vino a la hora pactada le devolví lo que me regaló y lo despedí, hasta hoy no sé nada de él, francamente no me interesa, supongo que debe estar muy bien por mi parte le deseo el doble de lo que me desea.

Jo 2, de todas las jotas fue el más extraño, lo conocí estudiando, lo veía una vez al mes y era algo extraño, siempre pensé que ocultaba algo pero nunca me atreví a decirle por lo mismo de la ínfima frecuencia que lo veía, tenía un régimen de trabajo bastante especial, de todos era el más caballero y modosito, nunca me involucré con él, su apariencia tan irregular hacía que me imagine cosas que no sabía si eran ciertas, era fanático de los juguetes tecnológicos una suerte de “tecnosexual”, despareció dos años, luego me buscó, yo ya me había mudado y me encontró, no pensé volverlo a ver ya le había echado tierrita, estaba descansando cuando mi mamá me despertó y me dio la sorpresa, cruzamos palabras de todo un poco me comentó sus logros en este tiempo de ausencia, mi sorpresa fue encontrarlo es estado de total opulencia tan breve, su vida ya estaba arreglada tanto personal y profesionalmente, por mi parte ya tenía novio, mi forma de comunicarme con él cambió, se dio cuenta y aunque nunca le dije que estaba con novio mi actitud frente a él fue distinta que nunca más me lo volví a cruzar.

Finalmente Ju, el último de mis jotas es un amigo que lo fui perdiendo con el tiempo, obviamente nuestras preferencias fueron otras, yo la verdad me incliné al arte y a las letras, él a la mecánica, totalmente diferentes, fue mi primer amigo cuando llegué a este lugar, era el ex de una conocida, su relación no funcionó; yo era una suerte de sacerdotisa, pero no pasé de eso, él se hizo ilusiones, yo no dí mi brazo a torcer, dejé de verlo para no agrandar esta situación, pero cada que me lo encuentro siento que el tiene atribuciones conmigo como si yo alguna vez le hubiera dado esperanzas, obviamente le pongo el parche para que se ubique y deje de ver cosas donde no hay, de Ju rescato su buen carácter, espero que tenga una novia que lo haga feliz él tiene para dar mucho amor.

Si es que tengo que resumir toda esta historia llegaría a una sola conclusión: las jotas de mi vida fueron eso: jotas, sea cual fuere el contexto siempre jodieron en algo mi existencia; algunos breves otros más intensos pero todos hacen alusión a la primera letra de su nombre. A todos sin excepción los recuerdo siempre por todas las cosas que me hicieron sean buenas o malas por eso les deseo todo lo mejor y que lleguen más jotas a mi vida.

Canción para recordar: Coti - Otra vez

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