sábado, 8 de agosto de 2015

Racionalizaciones imperfectas
1
Somos amigos, ad portas de cumplir quince años de amistad - en teoría- nos distanciamos cinco, volvimos a encontrarnos cuatro, soy mayor que tú, mi edad mental es de 40 años, ya viví lo suficiente, la tuya es de una persona que está por cumplir los veinte -cuánto hemos vivido-  cronológicamente tenemos la misma edad. Allí va la pregunta del millón: qué fue de ti  qué hiciste con tu vida. Ha sido la pregunta que me hice cuando te vi -y tú no me viste- tan orondo almorzando en el Bohemia. A lo mejor tendrás familia, seguro que conociste medio oriente, (recuerdo aquellas charlas de Israel, Israel que bonito se le ve). Cómo pretendo saber todo si sólo intuyo, por cierto, se me vino a la mente aquella fiesta donde no te esperabas que fuera, te acuerdas? Estabas tan sorprendido de me asistencia que me cuidaste hasta el final, mi amiga te andaba echando los perros y serví de suerte de Celestina, nos seguiste hasta el baño para coincidir con su ingreso y allí mismo le pediste el número de teléfono -qué gracioso fue eso- un simple no me dejan cagar para sellar el seguimiento, luego de una victoria a medias. Un par de salidas con la peque y ella se aburrió de ti como cuando cambia de calzado por uno más de tacón aguja. Fui una suerte de terapeuta, me diste pena, puesto que te ilusionaste tan pronto que hasta me conmoviste con tu tristeza. En fin, todo quedó en nada y te valió la experiencia para seguir reprobando el curso de introducción al flirteo de verdad.